Cinco viajes inolvidables en tren por Latinoamérica

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Es cierto que los trenes de Latinoamérica no son tan lujosos como los de Asia, EEUU o Europa (aunque hay excepciones), y en estas regiones Einstein estaría a gusto demostrando que aquí el tiempo es más relativo que nunca. O en todo caso, la puntualidad.

Por las sucesivas crisis económicas que vive la región muchos ramales han cerrado para siempre, de lo que quedan las vías silenciosas y estaciones que fueron abandonadas en la soledad.

Pero hay otros trayectos, algunos de ellos rehabilitados para el turismo, que son como un viaje en el tiempo; y que permiten comprobar la fabulosa tarea de ingeniería que hicieron sus constructores para tender los rieles en selvas, desiertos, al borde de precipicios o en regiones de climas extremos.

Tren a Machu Picchu (Perú)

Comenzamos con, probablemente, el tren más lujoso de Latinoamérica: el Belmond Hiram Bingham, que conecta la ciudad colonial de Cusco con Machu Picchu, la ciudad sagrada de los incas que la selva ocultó hasta principios del siglo XX.

Es cierto que los trenes de Latinoamérica no son tan lujosos como los de Asia, EEUU o Europa (aunque hay excepciones), y en estas regiones Einstein estaría a gusto demostrando que aquí el tiempo es más relativo que nunca. O en todo caso, la puntualidad.
El lujoso tren que lleva a Machu Picchu. Foto Sergi Reboredo
El viaje dura cuatro horas en centenarios coches Pullman reconstruidos con asientos de madera oscura, suaves tapizados y latón pulido.

El convoy cuenta con dos coches comedor con 42 asientos y un coche-observatorio que permite contemplar cómo el tren atraviesa el valle del río Urumbaba y trepa la cordillera de los Andes, donde cada tanto se divisa el Camino del Inca, hasta llegar a la antigua ciudadela, a 2.430 metros de altura.

Tren a las nubes (Argentina)

Si esa altura entusiasma a los amantes de la aventura, pues cabe mencionar que hay un tren que la duplica. Se trata del Tren a las nubes, uno de los más altos del mundo, que alcanza su punto más emocionante a 4.220 metros sobre el nivel del mar, cuando atraviesa el viaducto de La Polvorilla.

Este ferrocarril parte bien temprano desde Salta, ciudad ubicada en la región noroeste de Argentina, y desde allí inicia un viaje de cinco horas hasta el pueblo de San Antonio de los Cobres.

En cada parada se acercan pobladores con artesanías, y el personal médico a bordo siempre lleva máscaras y tubos de oxígeno por si hay pasajeros que se marean (‘apunan’, dicen aquí) por la altura.

Tren de la Sabana (Colombia)

El Tren de la Sabana es el típico caso de un ferrocarril que cierra por razones económicas, y luego vuelve a la vida pero como tren turístico. Así también le había pasado al citado Tren a las Nubes.

Es cierto que los trenes de Latinoamérica no son tan lujosos como los de Asia, EEUU o Europa (aunque hay excepciones), y en estas regiones Einstein estaría a gusto demostrando que aquí el tiempo es más relativo que nunca. O en todo caso, la puntualidad.
El Tren de la Sabana comunica Bogotá con Zipaquirá
Es uno de los trenes más encantadores de Sudamérica, impulsado por antiguas locomotoras a vapor (como una Baldwin de 1921) restauradas con pasión y profesionalismo.

El viaje de tres horas desde Bogotá conduce hasta Zipaquirá, famosa por sus minas de sal tan grandes que tienen dimensiones de catedral.

En las paradas en los pueblos de Usaquén y Cajicá se saborean potentes refrigerios mientras bandas de música locales amenizan con ritmos autóctonos.

Tren de la Nariz del Diablo (Ecuador)

Este sí que es un tren para valientes: se trata de un ramal construido a inicios del siglo pasado para comunicar Quito con Guayaquil, separadas por los macizos rocosos de la Cordillera de los Andes.

Uno de estos picos se llama, precisamente, Nariz del Diablo, por la caprichosa forma de su cumbre de 1.900 metros.

Para atravesar la pared vertical de Nariz del Diablo el tren tiene que descender en zigzag durante media hora

La única forma de sortear semejante escollo es descendiendo en zigzag, donde el tren viaja hasta donde se lo permite la arista de la montaña. Al llegar a un punto, el maquinista cambia el sentido y el convoy desciende marcha atrás otro tramo.

Es cierto que los trenes de Latinoamérica no son tan lujosos como los de Asia, EEUU o Europa (aunque hay excepciones), y en estas regiones Einstein estaría a gusto demostrando que aquí el tiempo es más relativo que nunca. O en todo caso, la puntualidad.
El complicado trazado del tren Nariz del Diablo. Foto David Brossa
Y así hasta llegar a la estación de Alausí, en un desnivel de 500 metros que se sortea en media hora.

Su construcción fue un esfuerzo hercúleo, por lo que con toda justicia se lo ha calificado como ‘el ferrocarril más difícil del mundo’.

Los problemas económicos impiden que se pueda realizar el trazado original, pero al menos queda de consuelo realizar trayectos por secciones, como el serpenteante trazado que va desde Alausí a Simbambe.

Chepe Express (México)

Este tren turístico recorre las Barracas del Cobre, entre los estados de Chihuahua y Sinaloa, en el noroeste de México. Su nombre oficial es Chihuahua Pacífico, pero por sus iniciales todo el mundo lo conoce como Chepe.

Es cierto que los trenes de Latinoamérica no son tan lujosos como los de Asia, EEUU o Europa (aunque hay excepciones), y en estas regiones Einstein estaría a gusto demostrando que aquí el tiempo es más relativo que nunca. O en todo caso, la puntualidad.
El tren Chihuahua Pacífico, conocido como Chepe. Foto Robert Kleinfeld
Leer más: Seis trenes a vapor de América que resisten el paso del tiempo

Es un trazado entre bosques, ríos y montañas, donde se atraviesan cañones que quitan la respiración y se viaja por las imponentes Sierras Tarahumaras; razón por la que se han construido 37 puentes y 86 túneles.

El tren está conformado por coches con confortables sillones de gran tamaño y grandes ventanales. En el vagón comedor Urike se preparan platos típicos del norte mexicano, aunque siempre hay que recordar que eviten el picante.

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